Soltar amarras


Soltar amarras   

La desidia, el desengaño más cruel.
La ira ante la pérdida y la pérdida ante la ira.
La carne ante la vida y la vida ante la nada,
 se enfrentan
a muerte,
la sangre bulle furiosa y caliente,
las manchas del tiempo sobre tu alcoba,
el hollín y la espera, la espera que se hace infinita:
ya nunca volverás a desandar los mismos caminos,
ya te has caído, ya has aprendido,
ya sueñas con despertarte abducido -por otro ser-,
ya cantas a la mañana y juegas por la tarde al ajedrez,
ya vislumbras un futuro maleable aunque incierto,
ya te diste por muerto, ya todo estuvo de revés,
ahora estás derecho, ahora renacés,
y la venganza no es tu amiga,
y la ironía es una sopa fría que ya no causa placer,
y a la crueldad la esquivas sin rodeos,
-le ponés al guiso de la existencia el laurel, estás en cada detalle-
y a la miseria la observas detenidamente hasta que desaparece,
y el odio es la única hierba en tu jardín que no florece.

Tomas lo nuevo,
 lo que se ofrece sin dudar ni un instante,
porque ahora tienes alas de seda y corazón de diamante,
y el pasado no te aterra,
sabes ser distante,
y las sombras no te encuentran
porque sigues adelante…

+

La libertad, la libertad, me repetía, 
aquello que perdí en el concubinato,
aquello que entregué como insensato,
aquello que me hundió en el pozo mas profundo, 
de un cruel arrebato…
ato y desato nudos en mi mente,
¿por qué? ¡¿por qué!?
Fui un inconsciente,
un carcelero de mi referente
un hábil idiota, un sagaz demente…

En el momento decisivo
me juré no ir contra la corriente -de mi ser-
apreté bien los dientes
y en un momento todo se esfumó.
Humo, humo, humo y más humo;
se rompió el escarbadientes
que sostenía mi mundo,
me perdí del segundo
-que siempre se escapa-
del instante presente,
y me dominó la mente,
preocupada por el pasado y el futuro,
encerrada entre sus propios muros
infranqueables, 
como una tropa preparada,
como una helada
en Alemania en invierno,
con frío y ungüentos
me curé parcialmente.

++

Sólo quise amarte, perdido estaba,
enamoradamente te exaltaba
te adoraba
como la diosa que siempre esperé que me bese,
jamás creí que el amor fuera tan ambivalente,
jamás el dolor se instaló en mis sienes con tanta fuerza
al punto que la migraña era nada ante ésta presencia…
Se prudente, me dije temblando,
ando errando
hace meses,
 sólo necesito más tiempo,
¿hasta cuándo? –preguntó mi consciencia
y tras un silencio blando
supe que
volando
quiero irme de aquí,
quiero regresar al país que nunca abandoné
-ésta, como todas las verdades, es sólo media verdad-
a mis tierras más peculiares
         ya que mi corazón siempre estuvo allí,
 en mi caverna,
escondido, pero palpitando.

Los rayos del rey astro han atravesado las rocas
y la vida ha comenzado a manifestarse nuevamente,
retorno a mí, ¡vaya, qué bella suerte!:
los dioses que me habitan
han hecho la paz.

Ya puedo soltar amarras.
                                               Agustín R. Iribarne

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