¿Qué hacer cuando ya no
hay sentido?
¿Qué hacer cuando los
colores se apagaron
y estás mirando tu estrella intermitente,
y Dios no te ampara en sus brazos
porque naciste en una época que no cree en sus milagros?
¿Cómo sacrificarlo todo, el Bien Común, el Amor,
y cualquier otra
entrega suprema –que siempre es una forma de renuncia-
a tu Yo que te muerde
las entrañas -como un perro rabioso-
cuando sólo hay incertidumbre,
y estoy mareado como un peregrino desahuciado
o un hombre en un ritual religioso?
y estoy mareado como un peregrino desahuciado
o un hombre en un ritual religioso?
Quiero ser poesía, para
ser más que éstas líneas,
que el agua que brota
de la tierra,
que árboles, nube,
cielo, silbido de un pájaro,
cuak de un pato gracioso que nada y abre ondas de vida
y crea movimiento
pincelando con sus manos tibias,
para ser más que todo lo que veo y que no es nada si cierro los ojos…
El mundo necesita de mí para existir, y yo mochte de ich (necesito de mí)
para ser, y poder correr como esos patos tan felices,
sin
preocupaciones ni mente,
y abrirme al mundo como una flor,
el capullo de una mariposa,
o un hombre que se transformó en el niño nietzscheano
y entendió en el epicentro de su ser
la religiosidad, la libertad, el desapego…
Abrazar, aceptar, acompañar…me.
Respetar, ayudar, amar… al Todo.
El que mira hacia
afuera está perdido.
Sigue a los árboles:
ellos siempre marchan a casa,
desde y a la eternidad.
La luz del sol
descubrirá la Verdad,
si puedes respirar y
contemplar hasta el fin,
con la calma del sabio
y del anciano,
con la esperanza de un
nuevo amanecer,
y con el fuego
–principio de cambio-
que te moverá de aquí a
allá
y tu inmutable con tu sonrisa,
y con alegría de
saberte humano,
creación en constante
cambio.
Agustín R. Iribarne
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