Oda
al rancho infinito A mis hermanos de la vida...
Reencuentro
con los hermanitos:
hoy me siento
bendito,
y el sabor de la vida se hace exquisito,
al compartir
el tiempo con el rancho infinito.
¡Oh
bienaventurados hermanos, las distancias se han acortado,
para volver a
encontrarnos, para el remozamiento tan anhelado!
El amor reúne
a los seres y los convoca en comunión
para la necesaria nueva creación,
espontánea e
inmediata,
y frente a esta cálida fogata,
evoco su
naturaleza innata
de reír a
carcajadas, de profundas miradas,
de sanaciones
mágicas, soñadas
que cualquier
penar develan, desatan.
La alegría que
siento es inconmensurable,
es como flotar en ese gran baile, en ese festejo
absoluto,
donde a cada instante disfruto la plácida unión,
donde juntos
recogemos los frutos que emanamos del corazón,
creando así el
paraíso del amor.
Gracias
hermanos por tantos regalos,
gracias
hermanas por abrirme las alas
para volar más
alto en cada ocasión.
Y si por algo
peco, no será por omisión: jamás su energía esconderé,
transmitiré
siempre que pueda la belleza sin barreras que alcancé en sus brazos,
y llevaré la
luz que descubrí en su regazo cuando me mueva hacia la nueva tierra.
Sin esos
sostenes, que son ustedes, para recibir el alba,
de seguro esta
vida sería más triste y solitaria,
por eso, y por la eterna unión elevaré mi
plegaria,
para que
siempre brille mi familia del alma.
¿Qué más puedo decirles que no sepan, a mis
bellos y sublimes compañeros de senda?
Tomen mis palabras, esta humilde ofrenda,
y caminen
lentamente,
acérquense y
démonos un gran abrazo,
y así juntos,
colmarnos de esencia.
Cantemos esta
noche, hermanos míos,
cantemos hasta
que amanezca,
celebremos la
existencia en una danza picaresca,
despidamos a
la luna llena y recibamos al rey astro, padre sol,
seamos un solo
corazón y disfrutemos el fulgor del encuentro,
hagamos eterno
este momento, y bailemos en derredor,
ante la brisa
fresca:
así viviremos
felices y contentos,
volando como
el viento y soñando despiertos,
y si
el miedo aparece, enfréntenlo, pues ya lo saben:
el amor es la respuesta,
y no hay mayor apuesta que entregar la
esencia,
no hay mayor afrenta que afirmar la
no-violencia,
y no hay mayor acción que aquella honesta si
del alma se entrega
para crear la primavera y llegar a una
certeza:
la pregunta emerge de la sorpresa,
y el amor es la respuesta.
Agustín R. Iribarne
Comentarios
Publicar un comentario