Aquí un poema en prosa escrito en
los días previos a emprender el viaje:
He de
andar y cambiar
He de andar
nuevamente: ha llegado el momento de encontrarme
otra vez con
las aves matutinas que me guían hacia el cerro dorado
a observar el
cálido poniente. He de ir holgado por el camino enarbolado
siempre
sonriente, siguiendo la Luz que me llama, obnubilado aunque consciente,
emprenderé el periplo soñado en libertad y abundancia, dejando a un lado
la errancia,
para volver a
mí y a los otros que me esperan, pero os juro que volveré de alguna manera.
Mi tiempo aquí
ha caducado, ha llegado a su fin, incluso en contra de mi deseo: debo respetar
los designios del más alto, del Dios
que me guía, y erigir mi autarquía en
un largo viaje hacia mi centro.
Así me quedara,
ya mis ojos no tendrían el mismo brillo
que otorga el vivir a cada instante lo que a uno le corresponde porque lo ha
soñado, y lo ha hecho real…
Mi señal está vibrando un nuevo destino, es
hora de continuar sin pausa mi camino.
Me invade la
nostalgia en mis últimos paseos por mis tierras: ¿cómo llevar este mundo que
habito hacia los venideros? Serán mi corazón y mi mente como un armario donde
guardaré todas sus esencias, y las evocaré con prudencia en el momento exacto
que sienta su presencia.
Ha sido
infinito el aprendizaje y el amor hasta aquí recibidos. Ahora vienen nuevas
enseñanzas, nuevas experiencias, más puras, más reales, ahora en manantiales de
ambrosía nadaré y será la fuerza de la
alegría la que impulsará hacia un nuevo mundo a mi alma, y desde la Fuente me
derramaré como el Ser.
Me abriré como una flor al sol, vendrán las
hadas y las abejitas y se posarán sobre mi estilo y dejaré de mi interior un
brillante hilo para bordar la cobija sagrada que cubrirá a los bellos hijos del
tiempo. Ya no habrá ni un lamento
pues todo será aceptado desde la esencia del Universo: cambio y mutación,
devenir y creación, transmutadora transformación.
Agustín R. Iribarne.
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