Excedencia
Que absurdo se me hace
escoger
la palabra adecuada
para lo que quiero decirte:
no hay nada que no sepas,
porque puedes sentirme.
Cada vez que te extraño un poco
y deseo que estés a mi lado en un jardín soleado,
miro al cielo, sonrío y sueño;
no sabes qué bello es imaginarte.
Ya estás en mi, natural e inherentemente,
tu paso en mi vida es una revolución permanente.
Cada encuentro tiene un carácter enigmático y revelador.
Tu, musa, pitonisa y oráculo,
descubres el velo y la Verdad se manifiesta.
¿Quién eres?, me preguntaba.
Ahora comprendo que eres mi amada.
Dos almas encontradas;
dos soles que se orbitan, se determinan y se exceden
e iluminan su trayecto por el cosmos infinito.
Danzarines y volátiles, puros espíritus
que se abrazan y se entregan al Amor.
¿Podremos confiar en esta fuerza sin caer en la expectativa o la posesión?
¿A qué podrían temerle dos niños crecidos semejantes?
Si siento la eternidad en nuestro último abrazo….
Sin embargo, nada esperaba ni espero
de este amor al igual que de la vida:
seré como el agua
que brota desde lo profundo,
fluiré con la corriente de los días,
siempre nueva y abundante
y sera tu semblante el reflejo anhelado
en el caudaloso río que riega el mundo.
Caminar contigo es como danzar con los ojos cerrados
en perfecta percepción del tiempo y del espacio,
y también olvidar todo eso, en un intenso abrazo.
Eres suave, amable, pura y blanca
como un lento río, eres agua mansa
Divertida y loca, prendida y suelta,
si me concedes un deseo, pido verte de vuelta,
ya que siempre una sonrisa llevas puesta,
y al mirarte, del cielo se abren las puertas.
Eres miel, cielo, ave, rosa,
piedra preciosa y pura:
sonriendo desnuda,
sin duda, la prosa esotérica
que me eriza la piel.
Agustín R. Iribarne
Comentarios
Publicar un comentario