Días


Días

Hay días valientes y días de encierro.
Hay días liberadores y otros de pétrea prisión;
los hay un montón, de esos que nada pasa,
que se vuelan del almanaque sin dejar rastro,
y uno se siente un trasto,
un triste trasto que nada siente,
automatizado hasta los dientes,
masticando por inercia y sin sabor,
sin el olor de una flor,
sin una sonrisa, sin una caricia
uno de esos días fútiles, embotados,
tirados a la basura, descartados
para siempre de la existencia.

Sin embargo, también hay días de reverencia,
de agradecimiento y honorable paciencia,
y son esos días soleados
aunque las nubes tapen la ciudad,
porque son días renovados, brillantes, plateados
con o sin plata, sin corbata,
o con enormes responsabilidades
pero bien asumidas,
son días de fé, de pura vitamina,
de excesos de dopamina y serotonina.

Hay días para compartir,
y hay días en que uno simplemente no puede ser elixir,
no puede al mundo como una flor, su paso abrir,  
hay días en que uno sólo puede ser canción,
pero para sí mismo, para adentro,
y no puede soltar al viento las melodías, los abrazos,
sino quedarse chiquitito en su casita,
como un bicho bolita. Hay días para desistir.
Hay días en que Pita, el fuego, es pequeño,
como una brasita que sigue encendida ante la llovizna,
y cada ínfima gota en su contra le duele, lo debilita,
como esas palabras gratuitas e irreflexivas
que al igual que cuchillos en el aire
atraviezan su camino, hacia vos
y te atraviezan, y quedás como un colador, a la deriva,
ante preguntas lastimosas, solapadas, furtivas.

Hay días en que sos un caracolito,
y todo te pesa muchito,
y te cuesta cargar tu propio mundo
y una olita es un tsunami,
hay días en que sos un principiante otra vez,
y caes contra el tatami, siendo el maestro.
Hay días sonrientes y días funestos.
Hay días en que me satura entregar mi poder,
verme inmiscuido en situaciones que no son mías,
que creo elegirlas, pero no es del todo así:
¡y me están condicionando!,
porque son días en que el estar con otros,
que el encuentro con el otro,
te afecta de un modo profundo del cual no sos consciente,
por más libertad que se maneje,
y así contaminas tu afluente,
y así regresás a otro vientre,
no al de tu madre, sino la de enfrente.

Hay días en los que debo volver a mí, a mi centro
lejos de la gente, lejos de la sociedad,
para bucear mi intimidad
y enfrentarme al silencio,
e incluso a mis propias voces,
para saber si me miento:
y así encontrar mi verdad en la Vida,
saber el porqué de este mágico cuento.


                                                Agustín R. Iribarne

Comentarios