Cómo nos roba los
momentos la fugacidad del tiempo Al maestro Julio Cortázar...
si sólo ayer, hace
días, (me bastan)
un par de recuerdos veían
ya el sórdido sol
disparando colores en la
atmósfera,
en su crepúsculo definitivo,
y los aviones dejando su estela en el cielo,
como crayones dejando
una huella:
la marca del hombre en der Luft –el aire-,
y el cielo expandiéndose
en todo mi horizonte;
cuántos aprendizajes en
ese instante
donde me veo de lleno
frente a la inmensidad
y me re-descubro en el
Todo:
casi una sesión de terapia,
la charla precisa con
un amigo leal y elevado
o con el sí mismo más propio y verdadero,
son esos minutos donde
la noche se acerca,
el día se acaba y vos nunca volverás a ser el mismo.
Mi memoria es una pileta de lona desfondada,
una muy hueca,
algo así como un sueño…
¿Qué puedo retener?
¿Qué puedo hacer realmente mío?
Si hasta las caricias
-de Dios- se me escapan…
El crepúsculo es la
escena de la vida que muestra más perfectamente
el paso y la corrosión de todo, del tiempo, de la luz,
de yo mismo en mí y de mi paso por la tierra.
el paso y la corrosión de todo, del tiempo, de la luz,
de yo mismo en mí y de mi paso por la tierra.
Cada día soy un nuevo
espectador.
La función nunca es idéntica
-a pesar de que se repita el mismo escenario y
personajes-;
y qué triste me siento
cuando no hay función
en el cielo gris de la Alemania invernal.
Cuando salga de esta
opaca nube, de este polvo acumulado,
de esa agua que retiene
mi ser en ensueño,
quizás sea ya un cineaste
entendido en la materia de cazar el momento exacto,
de saber esperar, y poder admirar la belleza
sin categorías, sin prejuicios…
Quiero contar mi historia
antes del último ocaso
la irreconocible noche vendrá por mí.
Espero tener imágenes,
como un back up
en forma de legado a mis hermanos hombres
que también merecen un crepúsculo con todos sus colores.
Voy a hacer mi propia película del hombre:
será un sol que se apaga
lentamente como los días,
como –otra vez, y siempre- el tiempo,
como un ser que melancólico de su paso
danza en la diversidad
cromática de la tarde y los ritmos de la noche,
como un ser cargado de energías
que habitan la compensación,
como un ser que
descansa un rato
para volver a brillar con toda su fuerza,
al igual que el sol
inagotable.
Agustín R. Iribarne
Comentarios
Publicar un comentario